Complementación alimentaria para mejorar la salud física y psicosocial de los niños de tres meses a cinco años de edad en situación de desventaja socioeconómica

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En los países de bajos y medianos ingresos, la provisión de alimentación adicional para los niños de tres meses a cinco años de edad puede tener como resultado pequeños aumentos de estatura y peso, y aumentos moderados en hemoglobina. También se verifican impactos positivos en el desarrollo psicomotor pero la evidencia es contradictoria en el caso del desarrollo mental.

La desnutrición es una de las causas de mortalidad infantil, contribuyendo a las muertes de más de tres millones de niños en 2011. Además, puede acarrear un mayor riesgo de infecciones, un desarrollo y un desempeño escolar más deficientes en el niño y enfermedades crónicas en la edad adulta. La evidencia sobre la eficacia de las intervenciones nutricionales para los niños pequeños, por lo tanto, es de importancia fundamental. Esta revisión también determinó que los alimentos a menudo se redistribuyen dentro de la familia; cuando los alimentos se entregaban en el hogar, los niños aprovechaban apenas el 36% de la energía contenida en el complemento. Sin embargo, cuando la alimentación complementaria se entregaba en guarderías o comedores, había mucho menos pérdida: en este caso, los niños aprovechaban el 85% de la energía provista en el complemento. La alimentación complementaria resultó más eficaz para los niños más pequeños (menos de dos años de edad) y para aquellos que eran más pobres o menos bien alimentados. Los programas de alimentación que estaban bien supervisados y que brindaban una mayor proporción de la alimentación diaria requerida para la energía eran en general más eficaces. En los países de altos ingresos, dos estudios no detectaron beneficios para el crecimiento. El único estudio eficaz involucraba niños aborígenes.

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